Resumen Regional
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Rurales

Geopolítica alimentaria: oportunidad y desafío para la agroindustria

Existe en la actualidad un proceso de fragmentación económica y política a escala mundial.

 

El sistema multilateral construido después de la Segunda Guerra Mundial pierde relevancia frente a una dinámica internacional dominada por grandes potencias que utilizan herramientas comerciales, financieras y militares para defender sus intereses estratégicos.

En este contexto, el comercio internacional deja de basarse exclusivamente en ventajas comparativas y eficiencia económica. Ahora pesan cada vez más factores políticos, alianzas estratégicas y consideraciones de seguridad nacional.

Las tensiones geopolíticas generan impactos sobre las cadenas globales de abastecimiento, aumentan costos logísticos, dificultan el transporte marítimo y estimulan tendencias hacia la autosuficiencia en bienes considerados estratégicos.

 

La agricultura como activo geopolítico

Uno de los conceptos centrales de la presentación realizada es que la agricultura deja de ser solamente un sector económico para transformarse en un activo geopolítico esencial.

La seguridad alimentaria se convierte en un tema estratégico porque muchos países no poseen recursos naturales suficientes para abastecer su demanda interna. Esto otorga ventajas significativas a regiones exportadoras netas de alimentos, especialmente América del Sur.

La agricultura se encuentra relativamente menos afectada que otros sectores industriales por las tensiones geopolíticas globales. La demanda mundial de alimentos continúa creciendo y las importaciones agroindustriales mantienen una tendencia expansiva.

 

La estrategia global de Estados Unidos

La presentación identifica a Estados Unidos como el principal actor de la actual reorganización geopolítica mundial. Según los autores, la estrategia estadounidense busca mantener su hegemonía económica y militar mediante el control de sectores estratégicos y de las rutas marítimas globales.

Los sectores considerados críticos incluyen defensa, inteligencia artificial, informática, energía y minerales estratégicos.

La agricultura podría adquirir una relevancia creciente dentro de esta lógica.

La denominada Doctrina Monroe reaparece bajo el principio de ‘Las Américas para los americanos’, promoviendo un mayor alineamiento político y económico entre Estados Unidos y América Latina.

Para Argentina esto puede representar oportunidades vinculadas a inversiones, financiamiento y acceso a mercados, aunque también riesgos de subordinación política y restricciones estratégicas.

 

La importancia de las rutas marítimas

Los conflictos internacionales recientes demostraron la enorme importancia de los estrechos y pasos marítimos estratégicos. La seguridad de rutas como Ormuz, Malaca, Suez o Panamá afecta directamente el comercio global.

La interrupción parcial de estas rutas genera aumentos en los costos de energía, fertilizantes y transporte marítimo, impactando sobre la competitividad agrícola mundial.

Argentina se encuentra relativamente menos expuesta que otros países debido a sistemas productivos menos intensivos en energía y fertilizantes, aunque igualmente enfrenta impactos macroeconómicos relevantes.

 

El acuerdo Mercosur / Unión Europea

Es considerado una oportunidad estratégica de largo plazo. Más allá de sus beneficios comerciales directos, podría transformarse en una herramienta de integración política e institucional.

Este acuerdo podría impulsar mejoras regulatorias, desarrollo de cadenas regionales de valor y mayor cooperación tecnológica y ambiental.

También se plantea que el acuerdo permitiría reducir la dependencia excesiva respecto de Estados Unidos y China, fortaleciendo vínculos con países que buscan sostener reglas multilaterales y estabilidad institucional.

 

Fortalezas estratégicas de Argentina

Amplia disponibilidad de recursos naturales, agua y tierras productivas.

Capacidad tecnológica y empresarial del sector agroindustrial.

Producción de bienes con alta demanda global: carnes, granos, lácteos y biocombustibles.

Sistemas productivos con menor impacto ambiental relativo.

Capacidad de generar soluciones vinculadas al secuestro de carbono y la sustentabilidad.

Ubicación geográfica en una región relativamente estable y en paz.

 

Principales debilidades estructurales

Alta presión impositiva y baja competitividad sistémica.

Déficit de infraestructura física y logística.

Escaso financiamiento de largo plazo.

Insuficiente inversión en investigación y desarrollo.

Limitada articulación público-privada.

Pocos acuerdos comerciales relevantes.

Escaso agregado de valor y baja diferenciación de exportaciones.

Competitividad, innovación y bioeconomía

La competitividad aparece como un componente central de la estrategia agroindustrial. No alcanza con disponer de recursos naturales: también es necesario desarrollar innovación tecnológica, infraestructura y capacidades institucionales.

Se enfatiza especialmente el rol del sistema científico-tecnológico, el INTA, la cooperación internacional y las políticas de innovación público-privadas. Asimismo, la bioeconomía es presentada como una gran oportunidad para agregar valor, generar empleo y diversificar mercados mediante biocombustibles, biomateriales y nuevas tecnologías.

 

Inserción internacional y estrategia regional

Los autores proponen avanzar hacia una estrategia internacional coordinada que permita posicionar a la agroindustria sudamericana como un proveedor confiable de alimentos, energía y soluciones ambientales.

Esto requiere fortalecer el Mercosur, armonizar regulaciones, desarrollar cadenas regionales y mejorar la promoción comercial y la diplomacia económica.

También destacan la necesidad de construir una nueva narrativa internacional que mejore la percepción global sobre la agricultura del Cono Sur.

El nuevo escenario internacional será más competitivo, incierto y políticamente complejo. Sin embargo, la demanda mundial de alimentos continuará creciendo y abrirá oportunidades para países con capacidad productiva.

Argentina posee condiciones excepcionales para transformarse en un actor estratégico global, pero para lograrlo deberá mejorar competitividad, infraestructura, innovación, inserción internacional y articulación público-privada.

El desafío no consiste únicamente en producir más, sino en construir una estrategia nacional y regional que permita aprovechar inteligentemente la nueva geopolítica de los alimentos.

Fuente: Producir Conservando / Martin Piñeiro y Marcelo Regunaga

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