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Rosado: “Abrir nuevos canales de comercialización le da previsibilidad al cultivo”

La reciente visita de representantes de COOPAR a la zona de Temuco, Chile, abrió un nuevo escenario de análisis para la comercialización de colza y permitió, al mismo tiempo, conocer una realidad productiva e industrial diferente a la de Entre Ríos.

 

Tras integrar la comitiva junto al gerente general, Cdor. Marcelo Pagliaruzza, y el consejero, Méd. Vet. Einar Moleres, el gerente comercial de COOPAR, Ing. Agr. Andrés Rosado, profundizó sobre las posibilidades que presenta el mercado chileno, la creciente demanda generada por la industria salmonera y la importancia estratégica de continuar ampliando las alternativas comerciales para los productores.

Pero su análisis fue más allá de una eventual operación de exportación. Rosado planteó que la apertura de nuevos mercados puede generar condiciones para pensar, a largo plazo, en mayor superficie destinada al cultivo, inversiones para el tratamiento del grano e incluso proyectos de integración e industrialización.

 

Una demanda que no es circunstancial

Uno de los aspectos que explica el interés de Chile por la colza es el fuerte crecimiento de su industria salmonera.

Rosado señaló que el país trasandino exporta actualmente un volumen de carne de salmón comparable, en toneladas, con las exportaciones uruguayas de carne vacuna. Esa escala genera una demanda permanente de alimentos balanceados que Chile no puede cubrir completamente con materias primas propias y obliga a sus industrias a buscar proveedores en otros países.

La empresa visitada por COOPAR importa habitualmente materia prima desde Canadá y durante la última campaña también realizó una operación desde Uruguay. Las dificultades de costos y logística llevaron a la firma a estudiar otras alternativas, escenario en el cual la colza argentina aparece como una posibilidad.

“Todavía estamos recién en la etapa de conocimiento, no hemos avanzado mucho en negocios concretos, pero estamos viendo y estudiando todas las factibilidades, los costos, los riesgos y la viabilidad que tiene la posibilidad de hacer este tipo de negocios”, explicó Rosado.

El contacto con COOPAR tampoco fue casual. Según relató el gerente comercial, representantes de la empresa comenzaron a buscar referencias entre productores y acopiadores argentinos y fueron derivados hacia la cooperativa por el lugar que ha logrado ocupar dentro del mercado nacional de colza.

Para Rosado, ese posicionamiento es también consecuencia de una política sostenida durante años: mantener al cultivo como una alternativa dentro de las rotaciones y buscar permanentemente diferentes canales de comercialización para los productores.

 

Colza para alimentar salmones

La demanda chilena tiene una particularidad: buena parte del aceite obtenido de la colza se destina a la elaboración de alimentos balanceados para salmones.

Rosado explicó que esta especie tiene elevados requerimientos de determinados ácidos grasos esenciales, particularmente omega-3 y omega-6, que deben ser incorporados mediante la alimentación. En ese sentido, el aceite de colza presenta características especialmente valoradas por la industria.

La magnitud del mercado también resulta significativa. De acuerdo con los datos recogidos durante la visita, la empresa procesa materia prima para obtener unas 60.000 toneladas de aceite de colza anuales, lo que representa una molienda estimada por Rosado de entre 150.000 y 160.000 toneladas de grano por año.

En contrapartida, la producción chilena ronda entre 70.000 y 80.000 toneladas anuales, por lo que una parte importante de las necesidades de la industria debe cubrirse mediante importaciones.

 

Conocer otras realidades para aprender, no para copiarlas

Más allá del aspecto comercial, la visita permitió observar una realidad productiva muy diferente a la entrerriana.

Rosado destacó especialmente el sistema de producción del sur chileno, caracterizado por condiciones más frías, cultivares invernales de ciclos considerablemente más largos y altos niveles de fertilización. En colza, según explicó, pudieron observar rendimientos que se ubican entre 45 y 60 quintales por hectárea, mientras que en trigo alcanzan alrededor de 120 quintales y en avena unos 80.

Sin embargo, dejó una reflexión que trasciende esta experiencia puntual: conocer otros modelos productivos sirve para analizar qué herramientas pueden adaptarse a la realidad propia, pero no significa trasladarlos directamente.

“Hay cosas que sí son extrapolables de otros modelos y cosas que no, que hay que adaptarlas a nuestra realidad. No se puede trasplantar sistemas productivos”, sintetizó.

 

Más opciones para darle previsibilidad al productor

En materia comercial, Rosado explicó que actualmente existen diferentes compradores para la colza argentina, pero recordó que en otros momentos algunos exportadores se retiraron del mercado y dejaron al productor con menos posibilidades de colocación.

Por eso, la estrategia de COOPAR apunta a ampliar permanentemente el abanico de compradores y evitar la dependencia de pocos canales comerciales.

“La búsqueda es abrir el panorama y tener la mayor cantidad de opciones posibles que nos permitan darle respuesta a los productores”, sostuvo.

El gerente comercial consideró al vínculo con Chile como “una aproximación a un posible negocio” y remarcó que, aun si prospera, no reemplazaría los canales actuales sino que constituiría una alternativa adicional.

Y allí aparece una de las perspectivas más interesantes que dejó la visita.

“Al tener mayor alternativa de canales de comercialización abiertos, uno le da previsibilidad al cultivo, pero además le da la posibilidad de hacer proyectos de integración, proyectos de ampliación de área, proyectos de inversión para el tratamiento del grano”, señaló Rosado.

Incluso planteó que, si la relación avanzara en el futuro, podrían evaluarse otras posibilidades: “Siempre va a ser más barato transportar aceite que grano, así que hasta puede darse la opción de que nosotros moliéramos aquí”.

De todos modos, aclaró que se trata de escenarios potenciales y no de proyectos actualmente definidos. “Uno no sabe las posibilidades que tiene, el abanico de posibilidades al cual puede llegar. Por eso es importante no descartar nunca un canal nuevo y ver siempre qué posibilidades tiene”, expresó.

 

Primeros pasos y una posible prueba piloto

En el corto plazo, las conversaciones continúan enfocadas en determinar la factibilidad económica y logística de una eventual operación.

La distancia, el transporte terrestre, el cruce de la Cordillera de los Andes, los pasos fronterizos y los trámites aduaneros son algunas de las variables que deberán analizarse.

Por ese motivo, COOPAR evalúa la posibilidad de realizar inicialmente una prueba piloto con uno o dos camiones, que permita identificar costos, riesgos y otros factores que pueden no aparecer en el análisis previo.

Rosado insistió, finalmente, en mantener cautela respecto de las expectativas.

“Estos son los primeros pasos en una relación que, si bien es auspiciosa, estamos recién comenzando y no sabemos qué puede pasar. Tampoco quiero generar falsas expectativas”, concluyó.

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