Desde la Red de Monitoreo de chicharrita muestran que la primera mitad de octubre, con su combinación de lluvias abundantes y grandes amplitudes térmicas, provocó una nueva y contundente retracción de las chicharritas en las cinco regiones maiceras del país. Indican que las condiciones respecto de la plaga son incluso mejores que las del año pasado esta altura, sobre todo en las zonas endémicas del NOA y NEA.
No obstante, desde la epifitia que se llevó casi 20% de la producción de la campaña 2023/24, está claro que nunca hay que bajar la guardia con esta plaga. Por eso, los especialistas de la Red insisten en que es clave mantener un monitoreo activo y sistemático de Dalbulus maidis, eliminar los maíces voluntarios (“guachos”) para evitar el “puente verde” que le permita al vector y sus patógenos pasar de una campaña a la otra, y monitorear frecuentemente a la chicharrita en lotes con maíz de primera, desde la emergencia del cultivo, para detectar a tiempo una eventual aparición del vector y así tener chances de minimizar futuros daños definiendo estrategias de control.


