Un trabajo realizado por especialistas del INTA y el Conicet cambia la forma de entender el cultivo de soja.
Sugiere que para maximizar el rendimiento no solo hay que mirar la genética de la semilla, sino también preservar la biodiversidad y los polinizadores naturales que rodean los campos, ya que ellos actúan como un seguro ante las fallas reproductivas de la planta.
“El hallazgo introduce nuevos interrogantes para el mejoramiento genético y el manejo productivo, ya que estos mecanismos —poco considerados hasta ahora— podrían estar influyendo en la formación de semillas y en la expresión del rendimiento”, indicó el investigador Pablo Cavigliasso.
Los especialistas desarrollaron un ensayo durante la campaña 2023/24 en Marcos Juárez, Córdoba, donde monitorearon la floración del cultivo en 15 parcelas dentro de un lote de 24 hectáreas. El lote contenía colmenas y estaba rodeado de parches de vegetación ruderal con presencia de polinizadores silvestres.
“Durante cuatro semanas se tomaron muestras de 186 flores —que luego fueron analizadas por microscopía de epifluorescencia— y se cuantificaron las visitas de abejas melíferas y de polinizadores silvestres. Al cosechar, se tomó la proporción de óvulos que se transformaron en semillas en cada lote como un indicador de la productividad”, explicó Cavigliasso.
Los resultados identificaron un mecanismo que podría dificultar la autopolinización en soja: parte del polen puede germinar de manera prematura dentro de las anteras y activarse antes de llegar al estigma, donde debería producirse la fecundación.
Esto pone en duda un supuesto histórico sobre el cultivo y sugiere que este proceso podría reducir las chances de que la planta se fecunde por sí sola. Además, los investigadores plantean que ese desarrollo anticipado también podría dificultar la liberación de parte del polen dentro de la flor.
Como contrapartida, la visita de polinizadores puede compensar parcialmente el efecto negativo del polen prematuro sobre la autopolinización, a mayor actividad de los insectos en las flores, mejora la germinación de granos de polen en el estigma, incluso en presencia de altos niveles de polen prematuro.
Aunque registraron pocas visitas de polinizadores silvestres pequeños, como moscas y abejas, su aporte a la germinación correcta de los granos de polen fue más significativo que el de la abeja melífera.
Con la base de estudios previos que mostraban mejoras del 20 al 30 % en la formación de vainas y semillas asociadas a la polinización, Cavigliasso armó un experimento similar al que venía usando en arándanos, para medir la contribución de los polinizadores a los parámetros productivos.


